…dedicación a la música teatral, que inició a edad muy temprana, componiendo una gran cantidad de canciones, danzas y piezas instrumentales como música incidental para diversas obras escénicas. Es el caso de Music for a while, que fue incluida en el drama Oedipus de Nathaniel Lee y John Dryden, estrenado en 1692, o de I see she fly’s me, una canción escrita para el drama Aureng-Zebe or The Great Mogul, del mismo año. Los años finales del músico fueron pródigos en su dedicación al teatro, como confirman sus cinco semióperas, género típicamente inglés que fundía drama hablado con amplias partes musicales. King Arthur data del año 1691 y en él se incluye la deliciosa Fairest Isle, canción de Venus. Otras canciones, como O solitude o If musick be the food of love, nacieron al margen de las obras teatrales, pero en todas ellas se aprecia un trabajo melódico de exquisita finura, muy atento siempre a las inflexiones del texto y con acompañamientos de armonías simples y sumamente eficaces. Ese mismo estilo se aprecia en algunas de las grandes composiciones que Purcell hizo para importantes ceremonias cívicas, como las odas, entre las que destacan las escritas para los cumpleaños de la reina María o para celebrar el día de Santa Cecilia, como Welcome to all the pleasures, datada en 1683.
Henry Purcell fue también un extraordinario maestro de música instrumental, un sector de su producción en el que fue capaz de llevar hasta el límite algunos géneros típicos de la música inglesa, como las fantasías para consort de violas. En su música para clave, además de grounds, arias y danzas aisladas, brillan sus ocho suites, publicadas póstumamente, que desarrollan estructuras variadas: así la suite en re menor, séptima de la serie, incluye tres danzas que van progresivamente acelerándose, con dos ejemplos de la suite clásica (almand, corant) y un aire típico de las islas (hornpipe). La tradición de publicar danzas para instrumentos solistas nace con la misma imprenta musical a principios del siglo XVI y fue practicada de forma general tanto en el continente como en las islas, como muestran las piezas de William Byrd, el gran maestro británico de una época en la que pavanas y gallardas dominaban los aires danzables.
El aislamiento insular siempre había dado a la música británica cierta singularidad con respecto a la continental, y una prueba de ello es la tardanza con que la ópera italiana tardó en imponerse en Londres. Desde principios del siglo XVII, la música vocal italiana había virado de la polifonía renacentista hacia la monodia acompañada, un estilo musical que iba a permitir el desarrollo de los grandes dramas operísticos, y a su lado el de otra serie de géneros asociados pensados para el ámbito camerístico, como las cantatas o las arias, de las que hay en el concierto de hoy buenos ejemplos. Biaggio Marini era natural de Brescia, centro neurálgico del violín a principios del Barroco, punto de referencia ineludible para el desarrollo del nuevo estilo instrumental, en el que Marini fue un consumado especialista. Menos conocido es su música vocal, aunque dejó colecciones diversas, como una de Scherzi e canzonette publicada en Parma en 1622, de donde se extrae La vecchia innamorata, pieza ligera de tono jocoso. Tarquinio Merula nació en Busetto, pero se formó, trabajó y murió en Cremona, otro de los centros cruciales de la música instrumental en las primeras décadas del siglo XVII. Destacado en ese ámbito tanto como en el desarrollo de las nuevas técnicas de la música sacra al estilo veneciano, su Canzonetta spirituale es una obra verdaderamente singular. Escrita sobre un basso ostinato de chacona la pieza tiene un carácter dramático, con disonancias muy marcadas, que tratan de dibujar los afectos extremos expresados en el texto, una nana de la Virgen al niño Jesús, en el que se recrean los sufrimientos de la Pasión. Esta forma de hacer fluir la expresión intensa de las pasiones en la voz, apoyándola en un marco armónico sólido y bien estructurado, que permitían los ostinati, sería compartida por otros muchos compositores de los años centrales del siglo XVII, como Giovanni Felice Sances, compositor romano que acabó sus días en Viena, convertido en maestro de capilla del emperador, y que también usa la chacona como base constructiva de Accenti queruli, mientras que Usurpator tiranno se apoya en el bajo del passacaglia, muy parecido. Estos ostinati fueron también profusamente empleados en la música instrumental, ya que permitía a los instrumentistas elaborar series de variaciones que en buena medida eran improvisadas antes de pasar al papel. Bernardo Storace dejó buenas muestras de este tipo de escritura en su Selva di varie compositioni d’intavolatura per cimbalo ed organo publicada en Venecia en 1664, una colección fuertemente influida por la figura de Frescobaldi.
Figura central de la cantata de cámara del primer barroco italiano es sin duda Barbara Strozzi, hija adoptiva (y seguramente natural) del aristócrata venido a menos y poeta veneciano Giulio Strozzi, quien la introdujo en el mundo de las academias y le permitió formarse como cantante con Francesco Cavalli. Gran dominadora de las nuevas formas de la música monódica, la mayor parte de su obra publicada son cantatas y arias para voz sola con acompañamiento de continuo. L’Eraclito amoroso se incluye en sus Cantatas Op.2, publicadas en 1651, e incluye dos violines junto al continuo en el original, estructurándose en una serie de secciones en las que se pasa del recitado al arioso con gran fluidez, en un intento de potenciar el sentido de las palabras, en este caso un juego de oxímoros muy del gusto barroco que expresa el lamento por la traición a través de una serie de figuras retóricas bien codificadas en la época por poetas y músicos agrupados en academias como las de los Incogniti, de donde saldría por ejemplo Francesco Busenello, autor del magistral libreto de L’Incoronazione di Poppea de Monteverdi, o las de los Unisoni, en la que participó la propia Strozzi.
Pablo J. Vayón