JUAN PÉREZ FLORISTÁN - Beethoven y Schubert

Viernes 2 de Abril de 2021 - Espacio Santa Clara: 12:00 horas
Precios localidades: 20 € -
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Ficha Artística

Juan Pérez Floristán, fortepiano [John Broadwood. Modelo Bicorda, 1800]

Programa

Beethoven y Schubert

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

Sonata para piano nº23 en fa menor Op.57 Appassionata
I. Allegro assai
II. Andante con moto – attaca
III. Allegro ma non troppo – Presto

Sonata para piano nº18 en mi bemol mayor Op.31 nº3
I. Allegro
II. Scherzo: Allegretto vivace
III. Menuetto: Moderato e grazioso
IV. Presto con fuoco

Franz Schubert (1797-1828)
Fantasía para piano en do mayor Op.15 D.760 Wanderer-Fantasie
I. Allegro con fuoco ma non troppo
II. Adagio
III. Presto
IV. Allegro

Notas

Si hay un género en el que Beethoven se permitió experimentar a lo largo de toda su carrera musical ese fue el de la sonata para piano. Frente al cuarteto de cuerdas o la sinfonía, géneros en los que Haydn y Mozart habían dejado una impronta tan formidable que intimidaba a cualquier joven que quisiera acercarse a ellos, la sonata para tecla no había alcanzado aún ese nivel de concreción formal y expresiva que habían logrado los grandes maestros en los otros géneros, y Beethoven se sintió con fuerzas para afrontarla sin complejos desde el principio. Debe tenerse también en cuenta que cuando Beethoven llegó a Viena en 1792 su gran baza era su virtuosismo en el instrumento, que incluía una capacidad de improvisación sin igual, lo que fue destacado por todos los observadores acreditados de su época.

Una década después de su llegada a la capital imperial, el compositor tenía ya una quincena de sonatas publicadas. Cuando entre 1801 y 1802 afronta la escritura de las tres sonatas que finalmente configurarán su Op.31 algunas obras esenciales han visto ya la luz (la Sonata Patética y la Claro de luna, las dos primera sinfonías, los cuartetos de la Op.18) y la gran revolución está ya en marcha, pues la Heroica revolotea por su imaginación. La publicación de tres obras conjuntamente permite diferenciar su carácter: aquí, la primera, en sol mayor, es cómica; la segunda, en re menor, trágica (será conocida como La tempestad); y la tercera, en mi bemol mayor, de un lirismo pastoral desbordante y reparador. A la obra, en cualquier caso, no le faltan novedades ni desde el punto de vista formal ni desde el expresivo. Los cuatro movimientos están concebidos en forma sonata, lo cual resulta extraordinario. El inicio es tremendamente inestable, con alternancia entre el Largo y el Allegro y contrastes de todo tipo. Además Beethoven dispone en segundo lugar uno de esos briosos Scherzos que eran ya típicos en su música, pero a continuación añade un minueto, algo absolutamente insólito. El compositor elude el movimiento lento (lo que repetirá en la Octava sinfonía) y termina la obra virtuosística y brillantemente a ritmo de tarantela, impetuosa y sincopada, un ritmo que a algunos de sus primeros oyentes le sonaba cinegético, lo que ha llevado a que esta obra sea conocida algunas veces como la de La caza.

Cuando Beethoven empieza a trabajar en 1804 en la Appassionata (un subtítulo que se debe al editor Cranz de Hamburgo, y que Beethoven al parecer odiaba) está aún inmerso en su Heroica, y de hecho se han conservado esbozos compartidos de ambas obras. Compuesta en la tonalidad de fa menor, la que hacía la nº23 y fue publicada como Op.57 es sin duda una de las obras más cercanas al espíritu de esa sinfonía rompedora. Según Czerny, Beethoven la consideraba “la más grande” de sus sonatas. Romain Rolland la definió como “un torrente de fuego dentro de cauces de granito”.

Se trata de una obra auténticamente trágica, marcada por su tonalidad menor y por una oscuridad que Beethoven trató de justificar a quien le planteaba la cuestión, y según algunos testimonios, con una alusión literaria algo enigmática (“Leed La tempestad de Shakespeare”). Dividida en tres movimientos, el Allegro de partida es de una intensidad y una tensión que parece no resolverse jamás dentro de un desarrollo extendido que acaba por fagocitar la reexposición de los temas. El Andante es una introducción al tercer tiempo, originalísimo en la esencialidad de sus armonías, la casi ausencia de melodía en el arranque y la suspensión armónica con la que (no) se cierra, para servir de plataforma de lanzamiento del movimiento conclusivo. Si supone un descanso o no en la escucha de la obra cada cual deberá sentirlo. El Allegro final devuelve la tensión del principio, ahora reforzada por un demoledor Presto final.

Otra vez, y para acabar, Romain Rolland: “La Appassionata puede ocupar un lugar entre un fresco de la Capilla Sixtina y una tragedia de Corneille; pertenece a la misma familia […]. Es el desencadenamiento de las fuerzas elementales, de las pasiones, de la locura de los hombres y de los elementos. El dominio del Espíritu. ¿No es esta tal vez la verdadera dimensión del arte beethoveniano en la época de la madurez?”

Compuesta para un alumno de Hummel en noviembre de 1822, la Fantasía del caminante de Schubert era la obra más virtuosística y estructuralmente compleja para piano que el compositor había afrontado nunca. Hasta ese momento, Schubert había escrito pensando en sus propias dotes como pianista, pero esta pieza al parecer superaba con creces sus posibilidades. Resulta significativo que Liszt se obsesionara con la obra y hasta llegara a escribir a partir de ella una pieza con acompañamiento orquestal. No debió de ser sólo por el aspecto técnico, sino también por la forma: Schubert encadena cuatro movimientos (un poco en el estilo de la sonata), pero los unifica al escribirlos todos a partir de la transformación de un mismo tema rítmico, un principio cíclico que Liszt haría suyo.

La obra parte de un lied que Schubert había compuesto en 1816, Der Wanderer, que aunque suele traducirse como El caminante o El viajero, tiene en realidad el sentido del vagabundo, del errante, una figura típica no sólo de Schubert sino de todo el Romanticismo alemán. El poema de Georg Philipp Schmidt es profundamente melancólico. Schubert parte para su fantasía de la música que usó para una estrofa que dice: “El sol me parece aquí tan frío/ la flor, marchita; la vida, vieja/ y todo lo que cuentan, ruido vacío y hueco./ Soy un extraño en todas partes”.

El Allegro se construye con tres temas: uno de carácter rítmico (un patrón dactílico –larga/breve/breve– que servirá de hilo conductor), otro, lírico, aunque manteniendo el mismo esquema rítmico, y un tercero que invierte ese patrón. El Adagio consiste en la melodía del lied en do sostenido menor, con siete variaciones, algunas de notable brillantez. En el Scherzo, el ritmo se transforma para hacerse ternario. Sus dos tríos derivan del tema lírico del primer movimiento. Para el final, Schubert vuelve al modelo rítmico inicial, pero ahora compone una fuga a cuatro voces que culmina una coda virtuosística.

© Pablo J. Vayón

Textos

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Biografía

Ganador del Primer Premio y del Premio del Público en el Concurso de Piano de Santander ”Paloma O’Shea” 2015, del Primer Premio en el Concurso Steinway de Berlín 2015 y de la Medalla de la Ciudad de Sevilla, Juan Pérez Floristán es con solo 25 años un referente entre las nuevas generaciones de músicos españoles y europeos.

Incansable y joven pianista, ha debutado en algunos de los principales festivales y salas del mundo, como el Wigmore Hall de Londres, la Herkulessaal de Munich, la Filarmonía de San Petersburgo, el Béla Bartók Hall de Budapest, la Laeiszhalle de Hamburgo, festivales como el Ruhr Klavier Festival, el Festival de Verbier, Festival de Santander, Festival de Granada y giras por la práctica totalidad de Europa y Latinoamérica, habiendo actuado ya en España, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Suiza, Polonia, Suecia, México, Argentina, Chile, Colombia, Perú… 

Con un repertorio que incluye más de 30 conciertos para piano y orquesta y que abarca desde Mozart hasta Prokofiev, es un invitado asiduo en las temporadas de orquestas como la Orquesta de la RTVE, Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Orquesta de Barcelona, Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Orquesta Sinfónica de Castilla y León, además de colaborar con orquestas europeas como la BBC Philharmonic Orchestra, Orquesta Sinfónica de San Petersburgo, Orquesta Sinfónica de Malmö… 

Tiene varias grabaciones editadas, siendo la última con la BBC Concert Orchestra en 2018. Este CD se sumará a los proyectos discográficos que ha afrontado el artista a lo largo del año 2017, que incluyen su CD para Naxos (con obras de Liszt, Schumann y Beethoven) y dos CDs con obras de cámara de Schubert, Shostakovich y Brahms.

La lista de directores, solistas y grupos de cámara con los que ha colaborado incluye a Jesús López Cobos, Juanjo Mena, Pablo González, Marc Soustrot, Lorenzo Viotti, Pedro Halffter, Andrei Ionita, Pablo Ferrández, Adrien Boisseau, Cuarteto Casals, el Fine Arts Quartet, Dietrich Henschel, Cristina Gómez Godoy, Pablo Barragán…

Debe su formación fundamentalmente a su madre (María Floristán), a Ana Guijarro, a Galina Eguiazarova y a Eldar Nebolsin, su actual mentor. También ha recibido consejos y clases de figuras internacionales como Daniel Barenboim, Menahem Pressler, Nelson Goerner, Stephen Kovacevich… Aún así, mención aparte en su formación merece Elisabeth Leonskaja, pues ha significado una ayuda inestimable tanto en su carrera como en su desarrollo personal y artístico.

Imágenes

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