Notas al Programa

- Monasterio de la Cartuja
- Sevilla y sus músicos
- 12.00
- Las Músicas del Rey
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- NOTAS AL PROGRAMA
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- La literatura y su hijo mayor, el cine, aciertan a veces a ofrecernos retratos vívidos y certeros de una época. Quien haya leído el libertino libro de Pierre Choderlos de Laclos Les liaisons dangereuses (Las amistades peligrosas), o haya visto algunas de las múltiples versiones cinematográficas que de él se han filmado, puede ya hacerse una idea cabal del mundo que visitaremos hoy, el contradictorio Versalles del XVIII: tan moralista como desvergonzado, represor y formalista hasta el extremo, en él las pasiones eran una profunda marejada que agitaba el fondo del mar de las almas mientras su superficie aparentaba una inmóvil calma, apenas alterada por miradas furtivas, gestos fugaces y sutiles sólo comprensibles para sus protagonistas más iniciados, mínimos indicios de violentos movimientos telúricos del corazón.
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- Luis XIV fue el primer protagonista y el gran escenógrafo de este teatro cortesano de personajes de carne y hueso, y su amor por la danza convirtió a ésta en la ceremonia central de la vida versallesca, que se trasladó de forma natural a la música instrumental: no sólo en el Grand Ballet o la Chaconne, sino en casi todas las piezas de Marais y Forqueray la estructura íntima de la música es la de danzas tan familiares para su público (alemandas, zarabandas, gigas...) como estilizadas, al liberarse de su función original. Se les permitió así cumplir un segundo papel muy propio también del micromundo que encarnan: el de retrato de personajes, especial forma de pièce de caractère por cuyo lienzo desfilan nombres bien conocidos como el del célebre médico Tronchin u hoy más misteriosos como La Du Vaucel o La Léon, tal vez la esposa del Príncipe de Léon.
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- Aunque Marais y Forqueray fuesen justamente tenidos como cúspide del estilo francés, nuestra ventajosa –casi ventajista– posición histórica nos permite hoy reconocer en sus obras la semilla del influjo italiano (ay, esa Sonate), que acabaría en breve, justo después de su esplendor más brillante, con la viola da gamba, del mismo modo y al mismo tiempo que la Revolución Francesa acabó de un golpe de guillotina con el injusto y decadente, pero fascinante, mundo al que aquella puso banda sonora.
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- Juan Ramón Lara
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