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Notas al Programa

Lunes, 8 de Marzo

  • Capilla del Palacio Gótico del Real Alcázar de Sevilla
  • 21.00
  • Semana de la vihuela y la cuerda pulsada
  • La Lira de Orfeo. Renacimiento español e italiano
  • Juan Carlos Rivera

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  • NOTAS AL PROGRAMA
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  • La vihuela formó con el órgano y el arpa la trilogía instrumental básica del Renacimiento español. Reputado por la delicadeza de su sonido, el instrumento se impuso en los medios nobiliarios a lo largo del siglo XVI para ir cediendo su puesto de privilegio progresivamente desde finales de aquella centuria a la guitarra, cordófono más popular, que, fortalecido con el añadido de un quinto orden, fue cada vez más apreciado por los compositores de la época. La vihuela tenía seis órdenes (aunque en la famosa Declaración de instrumentos musicales de Juan Bermudo aparece el dibujo de una vihuela de siete órdenes) y una afinación idéntica a la del laúd, con el que siempre se la relacionó, hasta el punto de que el propio Bermudo llama al laúd ‘vihuela de Flandes’.
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  • Aunque la tradición vihuelística debía remontarse en España al menos un siglo, no es hasta 1536 cuando aparece la primera publicación con música para el instrumento: fue El Maestro, que vio la luz en Valencia e incluía música de Luis de Milán para la vihuela sola (cuarenta fantasías, seis pavanas y cuatro tientos) y para voz y vihuela (seis sonetos en italiano, seis villancicos en portugués y cuatro romances y seis villancicos en castellano). Las fantasías, que en origen eran piezas improvisadas (o que pretendían dar esa sensación), y diferentes aires de danza fueron habituales de las otras seis colecciones vihuelísticas impresas en España en el siglo XVI. Pero lo que la obra de Milán no contenía e iba a ser habitual del resto de ediciones para la vihuela eran las versiones de obras vocales, que aparecen ya en Los seys libros del Delphin que el granadino Luis de Narváez hizo imprimir en Valladolid en 1538. Utiliza Narváez un lenguaje de más complejo contrapunto que Milán e incorpora las diferencias, que tendrían gran peso en el futuro de la música española. Las diferencias no son otra cosa que series de variaciones sobre temas preexistentes, de las cuales destacaron las escritas por el músico granadino sobre la canción Guárdame las vacas (cuyo esquema armónico iba a ser conocido en adelante como romanesca) o sobre el romance Conde Claros. Otra pieza singular es la conocida como Baxa de contrapunto, una danza que cerraba la colección, aunque la más conocida de todas es sin duda la Canción del Emperador, versión instrumental de la famosa Mille regretz de Josquin Desprez, que se decía era la preferida del Emperador Carlos V. En su Libro de música para vihuela intitulado Orphénica lyra, que vio la luz en Sevilla en 1554, el madrileño Miguel de Fuenllana incluyó una cincuentena de fantasías, pero también piezas escritas sobre canciones, romances y motetes coetáneos o antiguos: el Tant que vivray de Claudin de Sermisy y De Antequera sale el moro, conocido romance al que había puesto música Cristóbal de Morales, son dos de las más célebres.
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  • La vihuela había llegado a Italia ya en el siglo XV, por lo que es muy posible que las colecciones publicadas para el laúd fueran también interpretadas de forma habitual con ella. Ya se ha comentado que ambos instrumentos compartían afinación, y también repertorio. En la gran mayoría de colecciones laudísticas del Renacimiento figuran aires de danzas, de los cuales en la obra de Pietro Paolo Borrono, quien fue seguramente valet de chambre de Francisco I de Francia, se incluyen significativos ejemplos, pero también fantasías y ricercares, que venían a ser una misma cosa, piezas polifónicas libres con aire improvisatorio. El caso de Francesco Canova Da Milano es muy singular, pues en los registros de la época aparece consignado como laudista y ‘violista’ (¿hacía el término referencia a la vihuela de mano o a la de arco?). Conocido como el Divino por su habilidad en el tañido, en sus publicaciones no se encuentra una sola danza, aunque debió de tocarlas habitualmente. Su música es, en cualquier caso, de una notable complejidad polifónica, que combinaba con una exquisitez y una sensualidad muy acusadas.
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  • Pablo J. Vayón
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