Delio ardiente. Zarzuelas de Sebastián Durón (c.1701-1706)

EL PARNASO ESPAÑOL

ESPACIO TURINA

Sábado 05 de marzo a las 13:00h

FICHA ARTÍSTICA

PROGRAMA

Delio ardiente. Zarzuelas de Sebastián Durón (c.1701-1706)

 

I

Anónimo: Xácara*

Sebastián Durón (1660-1716)

I. Escena de Cupido y Júpiter (de Las nuevas armas de amor, c.1701-1702)

            [Tonada]: ¿Por qué, Jove supremo [Cupido/Júpiter]

            Arieta: Que no, no es posible [Júpiter]

            [Tonada]: Suéltame, Júpiter [Cupido/Júpiter] 

            Recitado: Y pues los moradores [Júpiter]        

            Arieta: Suelta, suelta la flecha [Júpiter]

            Recitado: Tu poder en tus armas muera [Júpiter]

            Arieta: Pues hoy me ultrajan a mí [Cupido]

            Arieta a dúo. Vivo: No puede ser [Júpiter/Cupido]

            Recitado: Yo protesto a los cielos [Cupido/Júpiter]

            Arieta: Llega a mis brazos [Júpiter/Cupido]

            Recitado: Valedme, pero en vano [Cupido]

            Arieta italiana: Cuantos teméis al rigor [Cupido]

 

Anónimo: Canción italiana*

Sebastián Durón

II. Escena de Dafne y Apolo (de Apolo y Dafne, c.1705)

            Despacio: Cristal apacible [Dafne]

            Coplas. Vivo: Undoso padre mío [Dafne]

            Recitado: Apolo. Apolo, espera [Dafne/Apolo]

            Vivo [Arieta]: Astros, favor, cielos, piedad [Dafne]

            Recitado: ¿A qué dioses le pides [Apolo]

            Arieta: Pause el ánimo tímido ya [Apolo]

 

Anónimo: Bailete en lleno*

Sebastián Durón

III. Escena de Coronis y Tritón (de Coronis, c.1706)

            Despacio: Cielos, que airados [Coronis]

            Vivo: A dónde, fugitivo imán de mis deseos [Tritón]

            [Dúo]: Suelta, homicida [Coronis/Tritón]

            Airoso: Monstruo horrible [Coronis]

            Tonada: Yo soy, sagrada ninfa [Tritón]

            Airoso: No prosigas [Coronis/Tritón]

            Recitado: Callad, callad, villanos [Tritón]

            Despacio. Aria: Dioses, piedad, cielos, favor [Coronis]

 

II

Anónimo: Canción francesa*                     

Sebastián Durón

IV. Monólogo de Circe (de Veneno es de amor la envidia, c.1706)

            [Tonada]: Qué importa que callen [Circe]

            Recitado: Y bien, que soy uno y otro [Circe]

            Aria: Flecha inconstante [Circe]

V. Escena de Scila y Circe (de Veneno es de amor la envidia)

            Coplas: Mas qué favor aguardo [Scila]

            Recitado: Esto es que de esa fuente [Scila]

Aria. Vivo: Huíd, marineros [Scila]

            Recitado: Quien por vengar el desvío [Circe]

            Aria: Cuando de los celos lidia [Circe]

            Recitado: Y para que del suceso [Circe]

            Aria. Despacio: Ondas, riscos, peces, mares [Scila]

 

Anónimo: Pasacalles de primer tono I y II*

Sebastián Durón

VI. Escena de Apolo y Circe (de Veneno es de amor la envidia)

            Dúo con violines: Blancos ligeros caballos [Apolo/Circe]

            Recitado: Y ya que este desierto, Circe mía [Apolo]

            Aria con violines. Vivo: Quédate en él [Apolo]

            Recitado: Luciente padre mío [Circe]

            Aria con violines: Vete, vete y déjame contenta [Circe]

            Recitado: Si haré, pues ya la salva [Apolo]

            Dúo con violines: Adiós, adiós, Delio ardiente [Circe/Apolo]

 

(*) Obras del M 1357 de la Biblioteca Nacional de Madrid: Flores de Música (1706), recopiladas por Fr. Antonio Martín y Coll (c.1680-1734)

[Transcripciones: Raúl Angulo y Fernando Aguilá]

 

FICHA TÉCNICA

El Parnaso Español

Carmen Botella, soprano [Júpiter / Dafne / Coronis / Circe]

Verónica Plata, soprano [Cupido / Apolo / Tritón / Scila]

 

Araceli Morales y Mar Blasco, violines

Carlos García, violonchelo

Miguel Hernández, violone

Miguel Ángel Muñoz, guitarra y archilaúd

Sara Águeda, arpa

Chiqui García, percusión

Fernando Aguilá, clave y dirección

 

Precios localidades: 15 € y 12 €

NOTAS

Es justo considerar al gran Sebastián Durón (1660-1716) uno de los mejores compositores de todos los tiempos, y quizás el mejor compositor español de música escénica de su época. Maestro de la Real Capilla desde 1701, gozó de gran fama en vida, y hoy tenemos datos suficientes para saber que tanto su obra religiosa como su música teatral fueron enormemente apreciadas, a pesar de permanecer sus últimos años en el exilio hasta su fallecimiento, del que conmemoramos los 300 años.

Con el sugerente título Delio ardiente, extraído del último dúo que cerrará  nuestro concierto, hemos confeccionado un atractivo e inédito programa monográfico sobre cuatro de las más importantes zarzuelas del maestro de Brihuega, cuyos manuscritos se conservan en la Biblioteca Nacional: Las nuevas armas de amor (1701-1702), Apolo y Dafne (1705), Coronis (1706) y Veneno es de amor la envidia (1706), componiendo así un interesante espectáculo a modo de zarzuela imaginaria estructurada en seis escenas que, aun independientes entre sí, quedan deliciosamente engarzadas, dando como resultado una representación de gran coherencia dramática e irresistible atractivo musical. Se completará el programa con la inclusión de  algunas obras instrumentales de autores anónimos contemporáneos del propio Durón, muy probablemente de su círculo, si no incluso algunas –quizás– de su propia autoría, tal como han defendido algunos especialistas en su obra, alternándolas durante la representación como era costumbre en la época. Estas obras pertenecen a la famosa recopilación de música para tecla de Fray Antonio Martín y Coll (ca. 1680-1734) titulada Flores de Música (BNE, M-1357), fechada en 1706, año en el que Durón parte a su exilio en Francia y, con toda probabilidad, la fecha de composición de las dos últimas zarzuelas que se incluyen en este programa. Es interesante mencionar que Coronis, hasta hace muy poco figuraba como una zarzuela anónima; hoy, esta duda está completamente despejada. Todo ello conformará un magnífico ejemplo de la absoluta maestría de Sebastián Durón como compositor de música escénica, presentando en un único y completo programa los mejores ejemplos de su producción teatral.

Fernando Aguilá

Sebastián Durón nació en Brihuega (Guadalajara) en 1660. Fue el hermano menor de otro importante compositor español, Diego Durón, que llegó a ser maestro de capilla en Las Palmas de Gran Canaria. Con 19 años empezó su carrera musical, como ayudante del organista Andrés Sola, en la catedral de San Salvador (La Seo) de Zaragoza. En sucesivos años, Durón viajó a lo largo de la Península Ibérica, ocupando el puesto de segundo organista de la catedral de Sevilla (1680) y de primer organista de las catedrales de Burgo de Osma (1685) y Palencia (1686). Durante esta época fue ordenado sacerdote. Su fama como organista y compositor fue tal que Carlos II le llamó para suceder en 1691 al organista José Sanz, que se había jubilado. En poco tiempo, Durón se convirtió en uno de los compositores favoritos de la corte madrileña, tanto de música religiosa como de música escénica. Durante esta etapa, tuvo la oportunidad de trabajar también para importantes casas nobiliarias, como la de los duques de Osuna o la de los condes de Oñate. La ausencia del maestro de la Real Capilla oficial, Diego Verdugo, propició que las responsabilidades musicales fueran recayendo cada vez más en Durón, hasta que en 1701, con la llegada del primer rey Borbón, Felipe V, fue nombrado maestro de la Real Capilla y rector del Real Colegio de Niños Cantores. Lo que parecía ser una prometedora carrera se vio truncada en 1706, cuando Durón fue detenido, junto a otros miembros de la Real Capilla, por haber manifestado su apoyo al archiduque Carlos, pretendiente a la corona española durante la Guerra de Sucesión. Durón se vio entonces obligado a exiliarse al sur de Francia. Vivió un tiempo en Cambó y luego se trasladó a Bayona, donde la reina viuda Mariana de Neoburgo había establecido una pequeña corte, falleciendo en Cambo-les-Bains en agosto de 1716, posiblemente de tuberculosis.

Durón es autor de una importante obra escénica, que cuenta con nueve o diez títulos completos, y de una muy interesante obra sacra, tanto en latín como en romance, en la que se aprecia una progresiva asimilación de las novedades musicales italianas, combinadas con elementos de tradición hispana. La corte madrileña era entonces un punto de cruce entre instituciones musicales procedentes de diversas naciones. El número de músicos italianos en la corte aumentó notablemente durante el reinado de Carlos II, especialmente después de que llegase en 1690 a Madrid su segunda esposa, Mariana de Neoburgo, una reina melómana que quiso recrear el gusto musical filoitaliano de la corte palatina de Düsseldorf. La italianización de la música estuvo implicada en una renovación estética más general: se quiso ofrecer, acudiendo a las artes italianas, una imagen de la monarquía hispánica, representada entonces por un enfermo Carlos II, que fuese homologable a otras grandes monarquías. Tal renovación estética no solo afectó al arte musical, sino también a otras artes, y así durante los últimos años del reinado se hizo llamar al pintor Luca Giordano y al escenógrafo y arquitecto Filippo Schor. Por otro lado, no hay que despreciar la influencia que la música francesa ejerció a principios del siglo XVIII, con la venida de Felipe V. Con él llegó a Madrid un conjunto de músicos franceses dirigidos por el compositor Henry Desmarest, que fue nombrado en 1701 «maestro de la música francesa». Los músicos de la corte tuvieron así la oportunidad de conocer de primera mano la música que se estaba haciendo en la vecina Francia. La huella de la música francesa en estos años se aprecia, por ejemplo, en la edición que José de Torres hizo por estos años de una colección de Canciones francesas, de todos los aires, o en la estupenda misa de Durón con violines y clarín que lleva por subtítulo «a la moda francesa».

Se suele reconocer a Durón como uno de los más importantes compositores españoles de música escénica, aunque su música teatral no ha sido lo suficientemente escenificada ni estudiada, no disponiendo siquiera de un catálogo temático que determine el número de obras escénicas suyas que han llegado a nosotros. Así, por ejemplo, la zarzuela Coronis, conservada en la Biblioteca Nacional de España, se ha venido atribuyendo sin razón alguna a Antonio Literes, cuando en realidad todo apunta a que el compositor de esta importante obra es Durón. El hecho de que en sus obras escénicas se empleen tanto las convenciones dramático-musicales del teatro cortesano hispano del siglo XVIII como algunos elementos tomados del dramma per musica italiano ha dejado a este repertorio en un territorio difuso, situado entre la música, algo mejor conocida, de compositores como Juan Hidalgo o Antonio Literes. Para algunos, se trata de una música incoherente, por la introducción de elementos extraños, si se la compara con la dramaturgia ideada por Calderón de la Barca e Hidalgo en sus comedias mitológicas. Para otros, por el contrario, significa una apertura a la modernidad, si bien aún excesivamente tímida frente a la decisiva italianización de músicos más jóvenes como José de Torres. A nuestro juicio, sin embargo, estamos ante una música original y de mucho dramatismo, a la que sería un error aplicar los esquemas abstractos que enfrentan tradición a modernidad, o españolismo a italianismo.

Raúl Angulo